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Tres punto seis por ciento

La queja del empresario mexicano es que los bancos no prestan. Los datos dicen que casi nadie pide, y explican por qué el taller que opera en gris tiene el techo puesto desde el primer día.

Por Xavi Gamboa · 9 de junio, 2026 · 8 min de lectura
Tres punto seis por ciento

Hay una cifra que desarma la explicación más repetida del país sobre el crédito a las pequeñas empresas.

Según el reporte del Banco de México sobre condiciones de competencia en el otorgamiento de crédito, apenas 3.6% de las pequeñas y medianas empresas declaró haber sido rechazada en el último periodo, un comportamiento que se repite a lo largo del tiempo. La Encuesta a Empresas del Banco Mundial encontró el otro lado del asunto: 77% de las empresas mexicanas con menos de cien empleados no solicitó crédito, una proporción superior a la de compañías de tamaño similar en el resto de América Latina.

El sistema financiero no está rechazando a los talleres mexicanos. La mayoría nunca se presenta.

Entender por qué no se presentan explica, de paso, casi todo lo demás: la recaudación, la ausencia de innovación, la fragilidad de un sector completo y la razón por la que miles de maquiladores textiles llevan quince años haciendo lo mismo con las mismas máquinas.

El tamaño de la zona gris

La informalidad mexicana no vive solo en la calle. Vive dentro de empresas registradas.

En el primer trimestre de 2026 la tasa de informalidad laboral se ubicó en 54.8% de la población ocupada, con 32.6 millones de personas en todas sus modalidades, según la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo del INEGI. Es un alza de 583 mil personas respecto al mismo periodo del año anterior.

El desglose es la parte que interesa. De ese total, 17.6 millones corresponden al sector informal en sentido estricto —micronegocios sin registro—, 5.2 millones al sector agropecuario y 2.2 millones al trabajo doméstico. Pero 7.7 millones de personas trabajan de manera informal dentro de empresas, gobierno e instituciones.

Casi ocho millones de trabajadores sin seguridad social en unidades económicas que sí existen a ojos del Estado. Ese es el tamaño real de la operación en gris, y no corresponde al comercio ambulante: corresponde a talleres, plantas y negocios establecidos que facturan una parte y pagan otra por fuera.

La tendencia tampoco acompaña. Entre 2005 y 2024 la informalidad laboral bajó alrededor de 4.5 puntos porcentuales en dos décadas, y el Plan Nacional de Desarrollo fija una meta de 48.9% para 2030 que exigiría estar hoy cerca de 52.5%. El indicador está por encima de esa referencia.

El costo que nadie contabiliza

El maquilador que opera a medias en gris hace una cuenta sencilla y solo mira la mitad.

La mitad visible es lo que se ahorra: contribuciones, cuotas de seguridad social, la carga administrativa de una nómina completa. Es dinero real que se queda en la operación cada mes.

La mitad invisible es lo que compra con ese ahorro, y es una sola cosa: la imposibilidad de ser evaluado.

El presidente de Grupo Covalto lo formula con precisión en el debate mexicano sobre financiamiento: muchas veces el problema no es que la empresa carezca de capacidad, sino que esa capacidad no está lo bastante clara en la información que comparte.

Un banco, un fondo y un cliente corporativo hacen exactamente el mismo ejercicio antes de comprometerse: leer una empresa. Estados financieros que reflejen la operación real, historial fiscal consistente, nómina registrada, contratos, antigüedad demostrable. Una compañía cuya contabilidad describe la mitad de su actividad no es una compañía riesgosa. Es una compañía ilegible, y lo ilegible no se evalúa: se descarta.

De ahí que el 77% no solicite. No es desconocimiento del sistema financiero. Es la certeza de que los números que puede mostrar no se parecen a los números que tiene.

El circuito que se cierra solo

Lo que sigue tiene la forma de un mecanismo, y por eso es difícil de romper desde adentro.

Sin legibilidad no hay crédito. La banca comercial se niega a otorgar créditos a empresas con menos de dos años de antigüedad acreditable, y mientras menor es el tamaño, mayor es la tasa: las micro y pequeñas pagan en promedio hasta tres puntos porcentuales más que las medianas. El financiamiento termina viniendo de donde puede: cerca de 62% procede de fuentes no financieras, sobre todo aportaciones de familiares y amigos.

Sin crédito no hay inversión. Y sin inversión, el taller produce lo que ya sabe producir: línea, volumen, la misma muestra del año pasado. No desarrolla colección propia, no invierte en diseño, no compra maquinaria nueva, no certifica procesos.

Sin producto propio, la única variable de competencia es el precio. Y competir por precio contra importación asiática es una posición que ninguna estructura de costos mexicana gana de forma sostenida, sobre todo cuando el arancel encarece el insumo importado sin encarecer al competidor que fabrica allá.

Con el margen comprimido, la presión para permanecer en gris aumenta. El circuito vuelve a empezar, un poco más apretado cada vuelta.

Las cifras agregadas describen ese estado final. Las pequeñas empresas representan 14% de la cartera de la banca múltiple y las medianas 8%: juntas, menos de 30% del total, en un país donde las pymes son 99.8% de las empresas y generan alrededor de 71% del empleo.

El costo que se distribuye

El costo no se detiene en la empresa que decidió operar así. Se distribuye.

En recaudación, porque la base tributaria se sostiene sobre quienes sí declaran completo, lo que encarece su operación frente a un competidor que no lo hace. Es una desventaja competitiva por cumplir, que es exactamente el incentivo equivocado.

En confianza sectorial, porque un comprador corporativo que ha tenido dos experiencias con proveedores incapaces de facturar en forma correcta, de sostener una auditoría o de acreditar condiciones laborales, empieza a exigirle a todo el sector requisitos que solo unos cuantos cumplen. El empresario formal paga la reputación del informal.

Y en capacidad de captar inversión, porque un fondo que evalúa entrar a manufactura ligera mexicana encuentra un universo de empresas sin información auditable y concluye lo que cualquiera concluiría: que el riesgo de diligencia debida es demasiado alto para el tamaño del cheque.

Lo que sí está cambiando

El movimiento institucional existe, aunque su alcance esté por verse.

El Plan México fija una meta de 30% de financiamiento a pymes, y los programas asociados operan con garantías de la banca de desarrollo que cubren cerca de 70% del riesgo crediticio, lo que permite a la banca comercial prestar a perfiles que antes descartaba. Durante 2025, Bancomext y Nacional Financiera capacitaron a más de 81 mil micro, pequeñas y medianas empresas mediante 619 programas.

El detalle revelador está en qué contenidos se demandaron más: gobierno corporativo, comercio electrónico internacional, procesos de exportación y formalización empresarial. Es decir, precisamente las capacidades que vuelven legible a una empresa.

La CEPAL, por su parte, propuso crear un fondo nacional de financiamiento para alcanzar esa meta, tras identificar que el alto costo del crédito —señalado por 25.8% de las empresas— y la falta de financiamiento —20.7%— siguen siendo los principales obstáculos según la Encuesta Nacional de Financiamiento de las Empresas de 2024.

Ninguna de esas medidas resuelve el problema de fondo, que no es de oferta de crédito sino de información. Una garantía pública reduce el riesgo del banco; no hace legible a una empresa que no lleva contabilidad completa.

La sentencia y su plazo

El taller que vuela bajo el radar suele defender su posición con un argumento razonable: así ha sobrevivido veinte años.

Es cierto, y también es incompleto. Sobrevivir no es lo mismo que tener futuro, y la diferencia se paga en el momento en que el mercado cambia y hace falta capital para responder. Ese momento llega siempre: un cliente que se va, una tecnología que abarata al competidor, un arancel que mueve los costos, un comprador que empieza a exigir certificaciones.

Una empresa legible enfrenta ese momento con opciones: pide crédito, busca socio, vende. Una empresa ilegible enfrenta el mismo momento sin ninguna, porque no existe para nadie que pudiera ayudarla.

La formalización, vista así, deja de ser un asunto de cumplimiento y se convierte en lo que en el fondo es: la construcción del historial que permitirá pedir dinero el día que haga falta. Ese historial tarda años en formarse y no se puede fabricar en la semana de la emergencia.

Tres punto seis por ciento de rechazo. La puerta no está cerrada. Casi nadie ha tocado.

Preguntas frecuentes

¿Por qué las pymes mexicanas no acceden al crédito bancario? +

Principalmente porque no lo solicitan: 77% de las empresas con menos de cien empleados no pidió crédito, mientras que solo 3.6% reportó rechazo. La causa de fondo es la falta de información financiera consistente que permita evaluarlas, agravada por la negativa bancaria a prestar a empresas con menos de dos años de antigüedad acreditable.

¿Cuál es la tasa de informalidad laboral en México? +

Se ubicó en 54.8% de la población ocupada en el primer trimestre de 2026, con 32.6 millones de personas en todas las modalidades de empleo informal. De ese total, 7.7 millones trabajan de manera informal dentro de empresas, gobierno e instituciones, es decir, en unidades económicas formalmente registradas.

¿Qué costo tiene para una empresa operar en la informalidad? +

El ahorro en contribuciones se paga con la imposibilidad de ser evaluada por bancos, fondos y clientes corporativos. Sin información financiera que refleje la operación real, la empresa no puede obtener crédito, recibir inversión, calificar como proveedor de grandes compradores ni venderse, lo que limita su tamaño de forma permanente.

Xavi Gamboa

Empresario y Consultor en Business Strategy, investigador y creador de Customer Care Architecture y de Guest Journey Engineering.

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